43. LA NUEVA – NUEVA ODONTOLOGÍA

 LA NUEVA – NUEVA ODONTOLOGÍA 


Dr., Jaime Otero M.
Dr. Jaime I. Otero I.

Nuestra profesión es una actividad en la que se conjuga la presencia de varios factores para que ella sea real y posible, para que represente un elemento de alto valor para la sociedad y para que todo su contenido tecnológico y científico sea tangible no solo por quien la ejerce sino para el contexto social en que la ejecutamos. Sin dentistas y sin  pacientes no hay Odontología. Sin beneficios para las personas (pacientes) todo esfuerzo será inútil. Sin refinamiento técnico tampoco será de provecho para nadie por que lo nuestro es una ciencia y no solamente un sistema de aplicación o transferencia de tecnología.

De este enunciado inicial, desprendemos que es una ciencia de la salud de altísimo contenido científico y muy elevada trascendencia social: está hecha para beneficio del hombre y para mejorar su calidad de vida. Cuando su ejercicio se aparta de estos lineamientos, pierde todo su valor intrínseco y puede llegar a convertirse en un vulgar negocio de venta de servicios de salud. Ninguno de nosotros desea llegar al extremo de ser conceptuado como mercachifle de tecnología, pues nos hemos formado para desarrollarnos en un entorno respetuoso de la sociedad, del hombre y de nuestros principios morales y deontológicos.

Es importante ofrecer y lograr brindar servicios de salud a terceros, por los que recibiremos una retribución digna y justa. Decimos “ ofrecer y lograr brindar servicios ” por que si lo nuestro se limita a “ ofrecer ” los servicios pero no se logra “ brindarlos ”, “ ejecutarlos ”, estaremos cantando lindas estrofas que no dan salud y el lirismo no hace progresar al hombre.

Tampoco hay que creer que el éxito de practicar Odontología consiste en obturar todas las piezas dentarias del mundo, las que necesiten ser tratadas y aún las que no lo necesiten. “Vender, vender y vender servicios” no consiste un sólido fundamento ético. “ Lograr salud bucal para nuestra sociedad ” sí lo es. Cuando tenemos a un paciente sentado en el sillón del consultorio frente a nosotros no debemos verlo como representativo de “tantos trabajos por ser ejecutados” sino como “la posibilidad de recuperar y mantener la salud bucal en su organismo”. Esto nos hace profesionales médicos. Lo otro, “mecánicos dentales”.

En teoría, a la Odontología latinoamericana y a los dentistas que la conforman no hay que ponerle un solo pero en lo científico y en lo conceptual: en nuestro continente se hace una Odontología de primerísimo nivel que no tiene nada que envidiar a aquella que se practica en medios geográficos más norteños, inmersos en economías más desarrolladas que la nuestra. El gran problema de la Odontología de nuestro hemisferio sudamericano es que no hemos logrado que nuestros servicios sean parte de la rutina de salud de los pueblos. En muchos países del hemisferio norte, sí. Esta es una gran diferencia entre ellos y nosotros. Nosotros debemos emprender el camino que muchos de ellos ya recorrieron.

Todavía somos un artículo de lujo, algo lejano a la generalidad de la gente, algo que es demandado de manera esporádica, circunstancial, cuando ya no queda otro remedio que buscar al dentista y así no debería ser. Lo que es mucho más significativo es que los dentistas no hemos comprendido en su verdadera dimensión, que nosotros somos los dueños de nuestra profesión, de su aplicación,  tecnología, avance científico, proyección social, cobertura y sobre todo, que solamente a través de nuestras manos, mentes y corazones es que la salud bucal de las personas podría llegar a ser algún día, una realidad concreta. Hablamos en condicional por que la salud bucal aún no es un logro de nuestra profesión. Seguimos hablando que hay que conseguirla para beneficio de los demás, pero aún hoy, el año 2,004 es un sueño difícil de imaginar por que fundamentalmente no nos hemos organizado ni hemos puesto nuestro máximo empeño para lograr este objetivo.

Durante la década de los 80 apareció en el mundo de la economía un nuevo concepto llamado  “reingeniería” que promovió el cambio de todo lo conocido, practicado y aceptado. 

Fue un comenzar de nuevo o al menos de otra manera. Se plantearon distintos objetivos y se estructuraron procedimientos más eficaces y sobre todo audaces, en las diferentes áreas del saber y del actuar humano, cuando se comprobó que lo que estaba ejecutando el hombre, era imperfecto o estaba incompleto. Aquello que debía ser mejorado se hizo e inclusive más de un grupo humano o algunas empresas se atrevieron a ir más allá de los paradigmas, es decir, se cambiaron los conceptos fundamentales que nos regían, que eran clásicamente aceptados y muchas de las reglas de juego que eran consideradas como imperturbables y que eran de práctica generalizada.

Los dentistas ignoramos esta nueva corriente del conocimiento del hombre, nos mantuvimos aparte de las nuevas corrientes conceptuales empresariales  y ni siquiera nos planteamos en qué áreas de nuestro ejercicio deberíamos implementar nuevas reglas estructuradas bajo los cánones de la “reingeniería” para convertirnos en una realidad concreta para la sociedad.

Seguimos soñando con un estado de salud ideal para todos, pero no definimos qué caminos debían ser seguidos para lograr los objetivos corporativos.  Aún hoy mantenemos la idea que son las instituciones rectoras las que deberían estructurar las políticas de salud y llevarlas a cabo con sus exiguos presupuestos y los dentistas de práctica privada o aquellos que no tenemos cargos gubernamentales nos sentimos “fuera de las obligaciones sociales de la Odontología”.

Nunca nos hemos planteado manejar a nuestra profesión como una actividad propia de nosotros mismos y hemos dejado en silencio que ahora sea de terceros, de extraños, de gente de otras profesiones quienes nos han ganado la iniciativa y gerencian a todo el gremio. Así somos y mientras no nos decidamos a cambiar este estado de cosas, todo seguirá igual por que las cosas hay que hacerlas pues no se hacen solas.

Como gremio seguimos existiendo con colegas sin trabajo o trabajando a medias, con consultorios semi-vacíos, siendo retribuidos con honorarios pre-establecidos (altos o bajos, no importa analizarlos ahora), pero que los fijan otros no en base a costos ni a demanda, sino en base a cálculos generada en función de la competencia habida entre los mismos dentistas. No es el mercado el que regula nuestros precios.

No queremos desconocer el esfuerzo y el consiguiente mérito que estas empresas organizadas hacen a favor de la salud general de las personas desde el momento en que invierten enormes sumas de dinero para hacer posible el funcionamiento de las Compañías de Seguros o de las Empresas Prestadoras de Salud (EPSs) . Tampoco estamos en contra de los profesionales que trabajan con ellas ya que esas son las condiciones de un mercado en el que los dentistas tenemos muy poco que decir por que ha sido muy poco lo que hemos hecho para tener fuerza en nuestras opiniones. Lo que nos parece que debe ser cambiado es el sistema desordenado o mejor dicho, el inexistente sistema de parte de la profesión para atender a grandes grupos de personas.

Lo llamamos a reflexión: las 2 EPSs  tienen en este momento un promedio de 450,000 personas afiliadas (1) que solamente representan el 0.0166 % de la población total del país o sea que de ninguna manera pueden ser ellas las culpables del estado en que se vive al interior de nuestra profesión. De los otros 25,000,000 de personas se sabe que alrededor de  2 millones de personas aportan a ESSALUD y brindan protección a alrededor de 6 millones ya que se incluyen a sus respectivos familiares. (2) Otras informaciones (3) nos expresan que el 37 % de la población nacional está cubierta con los beneficios que se dispensan a través de ESSALUD por lo que supuestamente estaríamos hablando de un total de 9,620,000 personas aseguradas, cifra que nos parece un poco elevada para lo que se conoce.

Del subtotal de 26,500,000 personas que no están protegidas por una EPS restemos los aproximados 7,500,000 que están cubiertos por el ESSALUD y tenemos unos 18 millones de personas que se deberían atender en nuestros consultorios o ser atendidos por otros servicios como ser el Ministerio de Salud, los Hospitales de las Fuerzas Armadas y Policiales o que sencillamente no tienen ninguna posibilidad de acceder a servicios médicos para su salud bucal. A ellos es que debemos dedicarnos para proveerlos de algún sistema corporativo, que acorte la distancia existente entre su enfermedad bucal y la Odontología.

Tengamos para ello presente que los fundamentos básicos del quehacer económico de toda empresa para lograr el éxito (y nuestros consultorios son empresas de servicios de salud) “serán  medidos por el valor que ellas son capaces de crear y ello se fundamenta en lograr una baja de los costos operativos, unido a un incremento de la productividad y en la capacidad de descubrir nuevos rubros o negocios para ofertar lo nuestro, pero bajo normas de equidad entre las partes”. (4) 

La Odontología (y también la Medicina) según el modelo de Reinhardt (1989), se fundamenta en un trípode constituido por los agentes económicos de la salud y que son: Proveedores (dentistas), Consumidores o Usuarios  (pacientes) y Financiadores (El Estado o las empresas de seguros). Para lograr su mejor ejercicio y el mayor alcance social posible, debe existir un perfecto equilibrio en la interacción de los 3 elementos, sin presión exagerada de alguno de ellos sobre los demás y en esto consiste parte de nuestro problema. (5) 

Nuestra propia desorganización y desunión gremial ha hecho que quienes sí están unidos (los financiadores), tengan fuerza de negociación que nosotros los proveedores no tenemos.  Los pacientes (consumidores) en la actualidad tienen mejor conocidos sus derechos como clientes y saben que preguntando y preguntando, encuentran mejores honorarios por que el nivel de competencia entre los proveedores es muy alta y esa es una de las leyes del mercado: a mayor número de ofertantes para un mismo servicio, menores precios de venta.

Ahora los pacientes piden “rebaja” sin ningún reparo, algo que era inconcebible muy poco tiempo atrás. Nos llaman al consultorio no para “ pedir una cita para atenderse ” sino “ para consultar por un presupuesto ” y lo hacen con la mayor naturalidad del mundo. El que ellos sepan que la era de los noventa fue llamada como “ la era de la soberanía del consumidor ”, al menos en este aspecto, nos ha hecho un daño tremendo.

Para nadie es un secreto que en la actualidad nuestras Universidades forman recursos humanos en exceso, ya que en el país contamos nada menos que con 19 Facultades de Odontología y durante los últimos 5 años se han inscrito en el Colegio Odontológico del Perú  960 nuevos dentistas como promedio anual (información oficial entregada por el C.O.P.). Esto ha originado una sobre oferta profesional, sobre todo si un altísimo  porcentaje ejercen en la ciudad de Lima con concentración específica en algunos distritos de Lima, sin relación con la respectiva densidad poblacional.

Los “ financiadores ” saben que necesitamos seguir trabajando y que no tenemos una gran afluencia de pacientes en nuestros consultorios y como ellos sí tienen convenios con los grupos de consumidores,  nos ofrecen los honorarios que ellos a su buen criterio y entender han estructurado, sabiendo perfectamente que siempre habrá gente (proveedores) que acepten lo que les ofrezcan.

Otro elemento que existe en contra de nuestra realidad laboral y social es que no hemos sabido evaluar convenientemente el estado actual de la economía, el poder adquisitivo y el nivel de gasto en rubros de las necesidades básicas que tiene un altísimo sector de la población. Al grupo socio económico A que tiene un ingreso que fluctúa entre US $ 2,000 y US $ 5,000 pertenece solamente un 4.3 % de la población nacional. Al sector B pertenece el 15.3 % de la población, quienes tienen un ingreso que va desde US $ 450 a US $ 2,000. Si sumamos ambos segmentos, hacen un 19.6 % del total poblacional. El resto de nuestra población,  tiene un ingreso mensual menor a US $ 400, lo que le hace muy difícil afrontar sus necesidades básicas y también pagar al dentista, sobre todo, si los honorarios del mismo no son debidamente estructurados en base a una serie de fundamentos como ser el análisis de costos, etc. etc.

Vamos ahora a expresar un concepto con mucho énfasis y deseamos que Ud. reflexione en todo su significado y su implicancia: mientras no salgamos al mercado como gremio a ofrecer Programas de Atención Odontológica concretos, que puedan ser adquiridos directamente al gremio, no fijemos parámetros de remuneraciones justas, estaremos a merced de la voluntad de terceros, ya que lo que “ vendemos ” no puede ser “ comprado ” por un alto segmento de la población. Si nos vamos a dedicar a trabajarle solamente a ese 20 %

sin querer establecer polémicas sino que estamos enunciando lo que todos podemos leer directamente de la realidad. Por supuesto que estos niveles de nuestras remuneraciones deberán ser prudentes y reales en función de la capacidad económica de la gente y sobre todo, estructurados en base a su complejidad técnica y científica pero sin pretender niveles que estén más allá de lo objetivo y lo justo.

No gerenciamos directamente nuestra profesión y mantenemos sistemas de trabajo sin siquiera haber medido su utilidad, cobertura y la eficiencia de aquello que juntos estamos haciendo. Creemos que el mundo termina en aquello que hacemos y que las cuatro paredes de nuestros consultorios representan el límite de lo conocido; que la salud bucal era un concepto extraño a quienes ejercemos la odontología en nuestros propios consultorios.  Que ella es un problema propio de los Ministerios de Salud y de las entidades gubernamentales, que los servicios sociales estaban en la obligación de “ dar Odontología a los más pobres ”, por que los otros, pueden venir a nuestros consultorios para beneficiarse de nuestro trabajo.

Cerramos los ojos y no vimos lo que tuvimos que saber identificar en su momento. Dejamos de tener protagonismo en el mundo de la salud social por que no supimos ver los cambios que se expresaban en el mundo que nos rodeaba por que estuvimos demasiado inmersos en crecer en academicismo.

No nos hicimos cargo de nuestra propia carrera (6)(8) como si no fuera algo de propiedad común, del conjunto, del gremio, por que la odontología es nuestra y no de terceros. Cuando fuimos conscientes que debíamos transformar la metodología de nuestras actividades tal vez ya fue tarde por que nos habíamos dejado ganar por los logros empresariales de otros quienes identificaron que nosotros no nos íbamos a ocupar de gerenciar nuestra propia profesión. Nacieron los Seguros, las ISAPRES, la Odontología Prepaga o como se quiera llamar a todos aquellos sistemas que se establecieron muchos años antes que nuestras EPS (Entidades Prestadoras de Salud)  se formaran en el Perú. Otros comenzaron a  gerenciar la Odontología. Inversionistas ponían consultorios y contrataban dentistas recién egresados o a quienes estuvieran desocupados, por que faltos de trabajo no solamente están quienes recién han terminado la Universidad.

No logramos autoconvocarnos para plantearnos corporativamente una “ visión “ de nuestra profesión por que no identificamos a plenitud lo que deseábamos lograr. Tampoco realizamos un plan estratégico de desarrollo por que no nos planteamos objetivos claros, precisos, adecuados, realistas, oportunos, mensurables y sobre todo, alcanzables (7).

Discutimos en muchos foros nacionales e internacionales pero tal vez las metas que nos planteamos no eran las correctas o el camino que escogimos no fue el mejor. No administramos convenientemente ni nuestro tiempo ni nuestra realidad. No comunicamos nuestras experiencias y aún ahora seguimos actuando individualmente, de manera nacional o subregional sin indagar sobre las realidades que se encuentran un metro más allá de nuestras propias fronteras. Cada país quiso inventar un sistema de solución a sus propios problemas y la globalización no formó parte de nuestros análisis. El individualismo nos volvió a perjudicar.

Creemos que ha llegado el momento en que debemos ver el ejercicio de nuestra profesión con otros ojos: nos debemos dar una mayor responsabilidad, peso o proyección social, pero en su verdadera e indiscutible dimensión, si no deseamos lograr de manera categórica la indiferencia o el rechazo de la gente por que es poco lo que los profesionales de práctica privada en  conjunto estamos haciendo por el país. Cuesta expresarlo pero es cierto.

Debemos flexibilizar los alcances de nuestra profesión para lograr una mayor cobertura a favor de grupos humanos más numerosos. Lo que hemos logrado hasta el día de hoy, estimamos que es insuficiente y en eso todos debemos estar de acuerdo. Las cuestiones sociales no deben tener un carácter secundario al ejercicio de nuestra profesión sino que deben ser el reflejo de la esencia misma de nuestras propias exigencias. No debemos olvidarnos que la ciencia está al servicio del hombre y no a la inversa y que el hombre existe para servirse de los adelantos. Estos se persiguen y se logran para que el hombre viva mejor. Lo que debe ser esencia de nuestros esfuerzos es el bienestar humano y no el progreso de la ciencia. Todo dentista debe ser un “ líder social ” y “ promotor proactivo del bien social ”.  Hasta el momento nuestra profesión no ha generado un diálogo intenso con su entorno comunitario y hemos sido mudos testigos o mejor dicho, semi-mudos testigos de la enfermedad bucal de la sociedad. No hemos actuado grupalmente y lo que la sociedad ha visto ha sido el trabajo de algunos grupos profesionales que se han dedicado a hacer “el bien social” pero de manera casi individual. 

Hemos permanecido trabajando en silencio al interior de nuestra propia profesión sin hacer rutinariamente un análisis o encuestas que nos permitan conocer cómo somos percibidos por quienes nos rodean, por lo que es muy poco lo que conocemos sobre ello. Sin duda que este podría ser un primer punto de conocimiento si deseamos lograr una mejor percepción mayoritaria.

Las personas no conocen cuáles son los beneficios que la Odontología les puede deparar para permitirles lograr un mejor nivel en calidad de vida. No busquemos establecer un puente de fácil tránsito con la comunidad que nos rodea, olvidándonos que nuestra razón de ser debe ser el bienestar en salud bucal de las comunidades. Este descuido o negligencia  es a nuestro entender una de las principales razones por las cual la gente no es amiga de la Odontología.

Cierto es que las personas deben gastar casi todo su dinero en atender diversas necesidades básicas como ser la comida, vivienda, educación y el llamado dinero discrecional o sobrante se prefiere gastar en otras cosas, antes que en servicios odontológicos.

Si deseamos lograr nuestros objetivos deberemos modificar profundamente el posicionamiento que tenemos frente a la población ya que no somos considerados como “aliados de la gente”. “Posicionamiento”  en Marketing es la manera como los demás (la sociedad) ve alguna actividad, concepto o a alguna empresa. Unas cuentan en su favor con las preferencias del público y otras que no. El “posicionamiento” (9) es también conocido como “la imagen social” de algo. Aquellas actividades que son vistas o percibidas positivamente por la gente son aceptadas con mayor facilidad y los productos que ofertan son consumidos con mayor preferencia por el público.

En general, los dentistas no somos queridos por la gente en función que nuestra profesión se relaciona con “dolor” y ha sido caricaturizada desde hace muchos años. Seremos bien vistos o aceptados con agrado si demostramos que somos un factor positivo para la sociedad. Si la gente nos ve como un conjunto de científicos dedicados a hacer odontología, sin mayor capacidad de ponerla al servicio de todos, nuestro efecto de cobertura será difícil de alcanzar. La profesión se podría ganar el corazón de la sociedad, de la gente, comunicando sus objetivos comunes lo que deberá ser reforzado con la ejecución de algunas obras de bien social que sean del agrado de las grandes mayorías o que cuenten con su beneplácito.

Ahora tenemos una demanda negativa, es decir, no somos vistos con buenos ojos por que no nos hemos preocupado de ganar el corazón de la sociedad. Si nuestra profesión anunciara que sus miembros y bajo nuestro propio financiamiento económico se va a encargar de solventar los gastos que demanden la preservación o conservación de la salud bucal de los niños de determinado orfanato o de determinado grupo social (niños discapacitados, niños pirañitas, etc.) contaremos con el favor de muchas personas.

1. Boletín Estadístico. Organo Oficial de la Superintendencia de Entidades Prestadoras de Salud. Año 2, No.4 Octubre-Diciembre 2,001
4. “ La nueva, nueva economía ” Editorial del diario Síntesis, Lima, 18 de Junio del 2,001
5. Mendoza Pedro; Robles Guerrero, Luis. “ Planeamiento Estratégico en Gerencia ” Aplicado a Servicios de Salud. Universidad nacional mayor de San Marcos. Facultad de Medicina de San Fernando. Lima, Mayo del 2,000
6. Mg. Suárez Alfaro, David . Editor Revista Business. Marzo del 2,001
7. Mendoza, Pedro “ Lo Público y lo Privado en la modernización de la gestión sanitaria: Conceptos ”. Anales de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos del Perú,  SIN 1025-5583 Vol.56 No.1 Año 1995.
8. Pretell Petro “ La responsabilidad social de las empresas “ Lima Junio 22,2001 Diario Síntesis.
9. Kotler, Philip; Bloom, Paul “ Mercadeo de Servicios Profesionales ”. Fondo Editorial Legis. Colombia, 1991  
10. Montesinos, Jaime “ Cómo aplicar el nuevo Marketing en el Perú. Instituto Peruano de Marketing. Edición 2,000

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