3. VENTA SERVICIOS PROFESIONALES. GESTIÓN SALUD
VENTA SERVICIOS PROFESIONALES. GESTIÓN SALUD.
Autores: Drs. Jaime Otero M. y Jaime I. Otero I.
La economía mundial se mueve entre dos grandes grupos de actividades: la compra-venta de Productos y Servicios.
Como “ Producto ” se define a los objetos que ponen a nuestra disposición las
industrias (televisores, automóviles,
grúas, muebles, etc.) y como “Servicio” se entiende toda aquella
actividad que busca el bienestar del hombre (medicina, comunicaciones,
hotelería, transporte, etc.), que generalmente llega a nuestras manos a
través del comercio o de centros especializados de diversa índole dedicados a
ello. Es factible aceptar y con el fin de no generar polémica innecesaria, que
los productos “ se venden ” y que los servicios “ se prestan ”, pero para
adquirir a cualquiera de ellos, debe existir dinero de por medio. En síntesis,
a nuestro modesto entender, ambos “ se venden ”.
Las profesiones médicas se encuentran ubicadas en el área de los servicios de salud. Su ejercicio o practica consiste en ofrecerlas a las personas (enfermas o no), buscando una mejora en su calidad de vida y lograr que adquieran o “compren” aquello que se les ofrece por que sin pacientes o clientes, no hay ejercicio de la medicina.
Por ello se considera a la Medicina, Odontología, Farmacia, Biología, Medicina Veterinaria y a las demás ciencias de la salud, en el área de la venta de servicios de salud.
“ Vender un servicio ” constituye un acto muy particular, ya que diversos factores intervienen en su prestación. Algunas personas piensan que es mas fácil vender un producto que un servicio y estoy en gran parte de acuerdo con ellas. Un producto es un bien tangible que el comprador puede ver, tocar, probar y aún usar antes de adquirirlo. Si Ud. desea comprar un televisor, se puede sentar delante de él antes de comprarlo y analizar la fidelidad de su imagen, la calidad del sonido, etc. Puede comparar objetivamente sus características y anotar las ventajas que tiene, diferenciándolo con uno de otra marca, de la misma categoría y similar precio. Con los servicios no sucede lo mismo, ya que el cliente primero tendrá que viajar en un avión para conocer si la atención que da el personal de la línea aérea es el adecuado a sus gustos o preferencias, si le resulta cómodo viajar en esa empresa, poder comprobar directamente y luego de usarlos durante 6 a 8 horas la comodidad y la separación entre los asientos y que le resulten agradables, si al final del viaje se siente satisfecho con lo recibido y sobre todo, con deseos de volver a viajar por la misma compañía. Una comida fría o una aeromoza no cortes por que está con fiebre, le pueden arruinar todo un viaje.
La
empresa pudo haber gastado millones en publicidad para atraerlo como cliente,
pero Ud. tiene todo el derecho del mundo de decidir no viajar nuevamente
por la misma compañía porque “ el aterrizaje fue muy brusco” o porque “ no
había una segunda frazada para los pies”. Por eso “ el arte de vender
servicios, es todo un arte ”. Algunos servicios son más difíciles de vender que
otros, por que producen diferentes grados de satisfacción. Un servicio
mortuorio nunca se paga con agrado, pero hay que utilizarlo. Un servicio
turístico es comprado de muy buena gana.
Respecto a los servicios, el cliente es parte fundamental del proceso de su
prestación, contrariamente a lo que sucede con los productos. Ud. es sólo parte “indirecta” en la venta de
un producto por que dispone de una cantidad de elementos “ objetivos ”
para decidir una transacción o para volver a comprar en el futuro (para
Ud. o recomendándoselo a terceros) un
segundo o tercer producto con las mismas
características.
En lo relacionado a productos, Ud. como
cliente interviene en el acto de la compra, pero no lo hace en el
proceso de fabricación. Su intervención en el grado de éxito de un
producto es indirecta, por que el fabricante elabora sus productos de acuerdo a
determinadas características técnicas ( que lógicamente buscarán la preferencia de la gente) y lo ofrece al público. Cierto es que los
productos se elaboran de acuerdo a los gustos o exigencias de las personas
y que cada quién es libre de realizar una
compra. Si no halla satisfacción o no es de su agrado, puede
devolverlos, pero un servicio no se puede devolver, pues Ud. los usa o
consume en su integridad, disfrutándolos o no, aceptándolos o no.
Si a Ud. no le agrada la consulta de un médico, es lamentable decirlo, pero ya la recibió. Si no le agradó una estadía en un hotel, ya no puede devolver los servicios recibidos, buenos o malos. Nunca se puede volver al pasado o al momento de inicio de la prestación.
Como las personas tienen características socio-culturales distintas que
hacen que sus niveles de expectativa y satisfacción sean diferentes, un
mismo servicio puede ser muy satisfactorio para una persona y no serlo para
otra. Ir de vacaciones a una playa, en un mismo hotel, puede producir
diferente sensaciones en dos personas, aún siendo de una misma familia y
suponiendo que ambas tienen el mismo nivel de preferencias y de
exigencias. Si una de ellas tuvo la suerte de disfrutar unos días radiantes de
sol y la otra tuvo unos días de tormenta, el grado de satisfacción ante el
gasto efectuado, no será el mismo. No depende sino de la naturaleza, pero ambas
recordarán diferente su viaje de vacaciones.
Nunca fue problema de la playa, sino del entorno. Las sensaciones del cliente influyen tremendamente en el grado de satisfacción que un mismo servicio produzca y las circunstancias que envuelven al mismo, muchas de ellas muy difíciles de controlar, podrán hacerlo placentero o desagradable. Lo mismo nos puede pasar en un consultorio médico. Una señorita bien educada producirá un concepto diferente que otra que no lo es. La manera como se cobra un honorario médico, tiene gran influencia en la actitud para pagarlo y aún para recomendar al médico.
Realmente la venta de servicios no es algo simple. De igual manera que
una venta no termina cuando la persona compra un producto, para los
pacientes o clientes es difícil pagar con agrado lo relativo a la salud,
por que la sociedad la considera como un bien terciario. Uno se enferma “
por mala suerte ” y a nadie le gusta destinar su dinero ( el básico o el remanente)
para pagar un análisis de sangre, una radiografía, una extracción o una Endodoncia. Inclusive
muchos servicios médicos tiene lo que en Marketing se denomina como de “
demanda negativa ”, es decir que se pagan con franco desagrado. Gastar en unas
vacaciones en el Caribe todos las pagamos con gusto y no así una operación de
apéndice.
Imagínese Ud. lo que hablará un paciente de su consultorio médico si vino por primera vez “ ese día ” que Ud. estuvo de mal humor por que tenía cefalea, que no vino la Secretaria, que se dañó la compresora de aire si es dentista, o no funcionó el sistema de luz de su lámpara de examen, que se le acabó el stock de medicamentos de gran venta, si no vino el asistente para su consultorio veterinario, si el paciente anterior debía traerle dinero y no lo hizo y que para colmo de males, nadie le había dicho que se habían acabado los baja lengua, las resinas para obturar dientes o el anestésico para animales menores. La impresión de la calidad del servicio brindado por Ud. ante los ojos de ese “pobre paciente”, que lo vio muy serio, con cara de pocos amigos y sin ninguna sonrisa, no será buena de ninguna manera. Le será difícil seguir atendiéndose con agrado en su consultorio.
Comentarios
Publicar un comentario