49. DOS NUEVOS DENTISTAS: JORGE Y MARÍA

DOS NUEVOS DENTISTAS: JORGE Y MARÍA

Dr. Jaime Otero M.
Dr. Jaime Otero I.

Jorge y María son estudiantes del penúltimo año de Odontología y son casi novios. Al menos ella espera que Jorge la pida en matrimonio cuando terminen la Facultad en unos 8 meses más. Ella vive tan ilusionada …, pero la verdad es que nunca han hablado de concretar, pero ella piensa que si ya están juntos, 4 años, deberán casarse.

Conforme han ido avanzando en la carrera, han ido comprando sus cosas y pensando en que algún día trabajaran juntos, el sillón y la lámpara de luz son de ella y la unidad y el carrito de la turbina son de él. La compresora la han comprado a medias, aunque María puso un poquito más de dinero. Cada uno tiene su instrumental propio, los fórceps de José y los botadores y bisturí y legras son de María. Quieren trabajar por que quieren ahorrar. Lo que sus padres les dan, no les alcanza.

Un día María vio la posibilidad de que en un dormitorio que ocupaba una tía que falleció hace unos meses, situado al costado de la sala de la casa y muy cerca al baño, lo emplearan como consultorio. Lo convenció a José quien vio una buena oportunidad para trabajar y este aceptó. Sus papás no le iban a cobrar alquiler y no se iba a gastar nada en alquiler, luz, agua ni en esas cosas de las licencias. Iban a trabajar a puerta cerrada, solamente a los amigos y familiares cercanos. La sala de la casa la iban a utilizar como sala de espera, pero había un problema:  el abuelito pasaba las tardes ahí, pero era cosa de que el señor se quedara en su cuarto cuando hubiera paciente. A la mamá no le convencía mucho pues dos o tres veces al año, venían a Lima sus hermanos de Sullana y se quedaban algunas semanas. Roberto, su hermanito menor de 14 años dormía en el mueble grande de la sala pero casi nunca se acostaba antes de las 10. Podría ver televisión en la sala, pues él no se perdía a por nada a Raúl Romero a las 7 en América Televisión.

Midieron bien y sí entraba el equipo y el sillón en el dormitorio de la tía. La habitación tenía 2.55 x 2.81 y hasta entraba un escritorito para presentar los casos a la gente. La compresora estaría en un patiecito muy cercano. Sin lavatorio dentro del consultorio, pero el baño estaba cerca, hemos dicho. Total, la cosa era no gastar. El papá no quería nada de instalaciones que le malograran la casa y la mamá, medio neurótica la señora, odiaba los ruidos.

Ya cuando tuvieran plata, iban a cambiar los tapices de los muebles de la sala de la casa e iban a pintar las paredes. No estaban mal las telas, pero sí algo sucias por que el hermanito de María a veces, muy pocas, jugaba fútbol dentro de la casa y los amiguitos se subían a los sillones.

Qué buena idea la de María. Un verdadero consultorio casi con inversión cero. Iban a hacer un pozo común y de lo que recibieran por los pacientes, iban a ir a medias. Tal vez en el futuro cuando se graduaran, podrían convencer a su hermanito para que durmiera con María y podían usar su dormitorio como otro consultorio. El problema iba a ser el baño pues cerca no había agua. Estaba un poco alejado, pero iba a ser cosa de acomodarse. 

Este sí que iba a ser un consultorio a todo meter, pues tenían muy buen instrumental Era alemán casi todo. La luz halógena era alemana y eso era una garantía de éxito en el trabajo. Así decía en las instrucciones del fabricante. Empezaron a trabajar y ………………

Ya se imaginan qué pasó !!! Ruina total al poco tiempo.


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